En Juan 13:1-17 Jesús nos enseña la forma práctica de expresarle nuestro amor a los que nos rodean. Para lo cual, es necesario que nos planteemos las siguientes preguntas:

1) ¿Qué es lo más valioso? Si supieras que mañana es tu último día sobre esta tierra, ¿qué harías?

¿con quienes quisieras pasar tus últimas horas? ¿qué les dirías a aquellos que están cerca de ti? –     Jesús sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, se reunió en

intimidad con sus discípulos, con los suyos, con los que amaba hasta el fin, para dejarles quizá la más profunda de sus enseñanzas. Lo que él quería que se les grabe a fuego en sus corazones para siempre: El amor en acción.

2) Cuando sirves, cuando predicas, ¿es visible tu amor? El evangelio de Juan, tiene la característica de ser sencillo (puede entenderlo un nuevo creyente) y a la vez extremadamente profundo, con revelaciones escondidas que no terminan de sorprendernos. En este capítulo, vemos una enseñanza evidente, que es “el amor en el servicio”, y otra enseñanza un poco más escondida que es “el amor que cubre las faltas, que ayuda al otro en su debilidad”.

3) ¿Cómo crecer en el servicio, basándonos en el ejemplo práctico de Jesús? El amor expresado

en el servicio:

–     Jesús tomó el lugar del esclavo de menor rango de la casa. Fue una humillación consciente y

deliberada (¡él sabía quién era!).

–     Dejó la comodidad. Se levantó de la mesa donde él era servido, y se puso a servir.

–     Jesús “se arremangó”, “Se quitó la túnica y tomó la toalla”. Algunos sugieren que el manto

lo identificada como rabino, como maestro. Jesús dejó a un lado su cargo, su prestigio, sus privilegios, para hacer lo que otros no escogerían hacer.

–     Jesús no eligió “la parte linda del ministerio”. Pensemos: ¿Qué cosas nos gustan del servicio

cristiano, y cuáles nos parece que tendemos a escaparles?

–     Jesús estaba a horas de su momento crítico, era el momento más difícil de su vida. Sin

embargo no dejó de servir y de expresar amor. A veces nosotros pasamos por pruebas y nos encerramos en nosotros mismos, y ya nos miramos por las necesidades de los otros. ¡No lo hagas! Busca el reino, y Dios te dará lo que tú necesitas o deseas en tu corazón. No dejes de servir.

–     Jesús nos manda a “lavarnos los pies los unos a los otros”. Es el espíritu contrario a la

competencia y el orgullo, es sentirme siervo de todos. Considerar a los demás como superiores a mí y estar dispuesto a servirles. Es venir a la iglesia pensando en la necesidad de los demás. Es llamar al que está en problemas. Tener un corazón de siervo.

4) ¿Qué significa tener el amor que cubre multitud de faltas?:

–     Lavarnos los pies, en este sentido, tiene que ver con ayudarnos mutuamente a correr la

carrera de la santidad, sabiendo que todos pecamos y podemos caer.

–     Desde que fuimos salvos debemos lavarnos los pies todos los días, porque en nuestro

caminar diario nos ensuciamos con el pecado y el mundo. ¡La sangre de Cristo tiene poder

para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad! (1 Juan 1:9).

–     Pero hay ocasiones, donde un pecado nos domina, o la tentación se hace tan grande que

pensamos que vamos a caer, nos damos cuenta entonces que solos no podemos. ¡Allí necesitamos que alguien nos lave los pies! Un hermano mayor a quien abrirle el corazón, traer todo a la luz, y que ore con nosotros.

–     A veces como Pedro ante Jesús queremos esconder nuestro pie sucio, no queremos mostrar

nuestra debilidad, no nos dejamos lavar. Pero Jesús reprendió a Pedro y le dijo: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo” (Juan 13:8). Debemos aprender a caminar en luz. Saber confesar (reconocer) nuestras ofensas y debilidades.

–     1 Pedro 4:8 (leamos este texto), nos dice que “ante todo” (lo más importante, lo que no

debemos olvidar) tengamos entre nosotros un amor ferviente (literalmente dice “que hierve”), porque este amor cubre multitud de pecados.

5) ¿Cómo actúa el amor que cubre la falta de su hermano?:

  1. a) Perdonando al ofensor (Proverbios 10:12).
  2. b) No hablando, ni permitiendo que se hable livianamente y sin amor, del hermano que ha

caído o tuvo un problema (Proverbios 17:9).

  1. c) Viviendo la regla de oro de Mateo 7:12. ¿Cómo te gustaría que te traten tus hermanos

cuando peques o tengas un problema, o una crisis?

  1. d) La actitud correcta de un lavador de pies (Gálatas 6:1).

CONCLUSIÓN:

Dios nos ha llamado a ser una iglesia llena de amor, donde cada uno de nosotros, como Jesús, sea un siervo/a que practica el amor en acción.

Es este el momento para dejar nuestra comodidad, nuestro cargo o prestigio, y para arremangarnos a hacer aún la tarea que otros no quieren hacer.

Dios nos llama asimismo a ayudar a los que caen y ser lavadores de pies espirituales y llenos de amor. A que ayudemos a los hermanos en la carrera de la santidad, viviendo asimismo de un modo transparente y sincero, y pidiendo ayuda a tiempo, cuando lo necesitemos.